Cambio de mentalidad… y mentalidad de cambio…
El objeto de esta reflexión, no es la simple percepción de la realidad, sino la capacidad de generar cambios nuevos que nos permitan incidir en esa realidad.
Es aquí donde me permito lanzar una reflexión: que no basta con pretender reformar parcialmente las estructuras y los sistemas, dándole cierto aroma de cambio o dejando que ingrese por sus ventanas pequeñas ráfagas de vientos nuevos, porque el epicentro del problema está en el pensamiento interior y en la razón del hombre.
Pretender un cambio, conlleva reformar las ideas, los valores y las actitudes. Significa asumir la postura de mirar al mundo con una mentalidad de cambio, capaz de renovar el parecer de la persona y de insertar en su propio ser, los valores éticos que lo lleven al ejercicio de la coherencia, entre el discurso y la práctica de vida, entre el ser y el parecer.
Reformar significa navegar escudriñando lo más profundo del ser humano, para desechar aquellos principios y antivalores infectados por la mentira, la corrupción, la indiferencia, que sirven de sustento y de escenario a esta sociedad plagada de impunidad.
Reformar significa transformar los paradigmas del raciocinio para ser agentes generadores de cambio, con ideales sólidos y criterio éticos; con pensamientos y principios claros, basados en las buenas costumbres y en los valores; con convicción y firmeza para derrumbar las estructuras mentales tradicionales.
Por eso, la construcción presupone construir un ser humano nuevo, fundamentalmente con mentalidad de cambio.
Sólo un ejemplo para ilustrar hasta qué punto se ha banalizado la violencia en estos días: Un chico de 12 años, cliente habitual de un ciber café, disfruta rematando a los cadáveres que va dejando atrás en el transcurso de un juego virtual. El realismo de la pantalla hace ver cómo los miembros son despedazados después de los disparos ante la mirada impasible y divertida del autor de la carnicería. Algunos dirán que es sólo un juego y tienen razón. El problema se centra en la aparente falta de sensibilidad del joven. Y es que, ha llegado un momento en el que la muerte y la violencia, se han instalado de tal manera en el cerebro que pasan a colocarse en el archivo de las “cosas normales”.
Los juegos virtuales han generado por esta razón, multitud de opiniones adversas. Las principales quejas se enfocan hacia el realismo excesivo y el desarrollo de algunas de estas aventuras, donde gana el que más mata.
No puede negarse la evidencia de que las tecnologías de la información y de la comunicación están abriendo multitud de campos en todos los ámbitos y el educativo no es ajeno a ello. Por esta razón, se hace un llamamiento para que estas importantes herramientas sean utilizadas con un fin educativo. Los juegos virtuales también pueden ofrecer aspectos positivos para el joven, como su motivación para el aprendizaje o la adquisición de habilidades psicomotrices. Por eso es tiempo de empezar a buscar el justo medio entre lo que apasiona a los chicos y lo que puede ayudarles en su proceso educativo y socializador.
Dra. Liliana Ester Torres Barberis.